Paseo por la Historia de Pozuelo Centro. Primera etapa: La Plaza del Padre Vallet

Antes de la guerra incivil lo que hoy llamamos Pozuelo Pueblo estaba dividido en dos partes perfectamente diferenciadas.

En la parte inferior del casco urbano se encontraba la Plaza Mayor (hoy plaza de la Coronación) y las calles que desembocan en ella (calle Real hoy calle Ramón Jiménez, calle Hospital, etc.).

En la parte superior: la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, la Puerta del Sol con algunas casas señoriales y en torno a la actual calle Chinchón, un tanto retiradas, las ermitas de Nuestra Señora de la Concepción y del Santo Sepulcro. Esta última había sido parte del anterior cementerio.

La guerra destruyó con casi todo lo anterior, pero nos queda el recuerdo.

En el Pozuelo actual, en el Pozuelo Pueblo, el centro está en la plaza del padre Vallet y en la Plaza Mayor.

Cualquier paseo, cualquier visita a este Pozuelo, debe comenzar e incluso terminar en esos dos parajes, aunque sólo sea por comodidad.

Comencemos. En nuestro paseo no seguiremos un orden cronológico sino el más cómodo para pasear.

PLAZA DEL PADRE VALLET.

Casa de la familia Alarcón.

Al comenzar la guerra incivil el único edificio notable existente en la Puerta del Sol (hoy llamada plaza del padre Vallet) era el solariego de la familia Alarcón, que antes lo había sido del poeta Juan Álvarez Gato, perfectamente desconocido aquí, aunque en Madrid tiene una calle. Se encontraba donde hoy se halla el Hogar del Pensionista.

Juan Álvarez Gato (¿1440-1509) fue un poeta madrileño, prerrenacentista, notable en su ápoca (de él dijo Gómez Manrique que “fablaba perlas y plata”). Era amigo personal del rey Enrique IV. Se cuenta que en una ocasión el rey, que iba a cazar al hoy llamado monte del Pilar, lo echó en falta. Preguntó por él, le dijeron que estaba enfermo en su casa de Pozuelo. Fue a verlo y para consolarlo le regaló una espada de la que cien años después hablaban sus descendientes en un documento de la época de Felipe II. Esos descendientes del poeta, en el siglo XVII vendieron la casa a la familia Alarcón, la que dio apellido a nuestro municipio.

Sin embargo, hay una hermosa leyenda que sitúa la presencia de los Alarcón en nuestro pueblo un siglo antes. La leyenda dice que don Hernando de Alarcón, marqués del Valle Siciliana, una de las primeras espadas del emperador Carlos V, yendo un día de caza como guardián del rey Francisco I de Francia, cautivo en la Torre de los Lujanes de Madrid, tuvo un feliz encuentro por estos parajes de Pozuelo con una doncella que le ofreció agua tan deliciosa que impulsó al caballero a comprar el pozo y las tierras aledañas al mismo a los familiares de María, que así se llamaba la niña, Y que tanto él como sus sucesores desde entonces siempre se sintieron unidos a Pozuelo.

La realidad es mucho más prosaica. Cuando Felipe IV accedió al trono en 1621 se encontró con que las arcas de la Hacienda Pública estaban vacías por los gastos de sus antecesores. Como remedio propició una serie de ventas que paliasen la bancarrota de las arcas reales y que le permitieran mantener a flote sus ejércitos de mar y tierra para sostener los extensos territorios de la Monarquía Católica. El 6 de mayo de 1625, el monarca recibió permiso para vender derechos reales sobre veinte mil vasallos.

El 21 de enero de 1629, Bartolomé Spínola, un personaje importante de la corte, compró al rey los derechos jurisdiccionales -el gobierno- sobre el actual Perales del Río a cambio de 17 000 maravedíes por vecino. Pero, poco después, renunció a dicha compra. Luis de Alarcón, otro personaje importante, pidió al rey subrogación de la deuda de Spínola a cambio de la cesión de derechos sobre la aldea de Pozuelo de Aravaca con la condición de que se le autorizase para “que el dicho lugar de poçuelo de aravaca se llame e intitule de aquí adelante la villa de Poçuelo de Alarcón”.

El 15 de diciembre de 1631 una Real Cédula autorizó a don Luis de Alarcón a comprar la aldea de Pozuelo de Aravaca para su hijo Gabriel de Ocaña y Alarcón, por vía de mayorazgo: “para que la goce el dicho don Gabriel de Ocaña y Alarcón y sus herederos y subçessores y reservas que tiene el dicho mayorazgo…” El pago, que se haría un mes después, era de 17.000 maravedíes por vecino o 6.350 ducados por legua, a elegir por la Real Hacienda.

Nos debe quedar muy claro que lo que se compraba era la jurisdicción o lo que es lo mismo del poder de gobernar el pueblo conforme a las leyes del reino sin depender de ningún otro ayuntamiento, pero no le otorgaba la propiedad ni de un solo pie de terreno. Por esa autonomía municipal, Pozuelo pasaba a ser villa

Don Gabriel, en su condición de señor de la villa, pasó a cobrar un 10 % de las alcabalas y a ejercer su derecho, como señor, a nombrar a quienes iban a ser los alcaldes (hoy diríamos jueces) de la localidad, pero no adquirió la propiedad de ningún terreno.

Con el correr del tiempo Pozuelo de Alarcón pasó a ser posesión de los condes de Cazalla del Río. Cuando, como consecuencia de la Constitución de 1837 se suprimieron los señoríos, los condes vendieron su casa en Pozuelo y el solar colindante (la Puerta del Sol) a la familia Parrella quien la mantuvo en propiedad hasta que fue destruida durante la guerra incivil.

Las ermitas desaparecidas. Con la revolución liberal se produjo la llamada desamortización de Mendizábal (1836-1837) que secularizó y privatizó las ermitas de La Concepción y del Santo Sepulcro que estaban un tanto alejadas de la Puerta del Sol. Aledaño a ésta última estaba el cementerio que se mantuvo allí , éste se mantuvo hasta que en 1881 cuando el ayuntamiento habilitó el cementerio actual. En el solar del cementerio abandonado se levantó parte del colegio Divino Maestro inaugurado el curso 1940-1941.

Nuevo ayuntamiento. El primitivo ayuntamiento de la villa que estaba en la hoy llamada plaza de la Coronación fue destruido en la guerra incivil.

Como desde la segunda mitad del siglo XIX la gente con recursos había comenzado a construir sus viviendas en la Puerta del Sol se edificó en ésta una nueva casa consistorial que fue inaugurada en 1952. Y la plaza pasó a llamarse del padre Vallet (al final de esta guía se dirá el por qué)

En el año 2011 como conciencia del gran error que fue la remodelación de la plaza del padre Vallet al peatonizarla y hacer bajo ella un aparcamiento esa casa consistorial se derribó y se reedificó. A la reedificación se le añadieron dos pegotes arquitectónicos sin sentido (el llamado Nuevo Centro Cultural) que rompen estéticamente con el entorno. La plaza se convirtió en el inservible desierto de mal granito que es hoy y que ha hecho que la vida comercial del centro del pueblo haya entrado en la agonía.

Domingo Domené, Historiador